ABORTO EN LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE

SITUACIÓN EN AMERICA LATINA

En América Latina persiste una política restrictiva generalizada del aborto, con las excepciones de Cuba, Puerto Rico, Barbados y Guyana.  La práctica del aborto en la región es punitivo, salvo que sea autorizado por ciertas regulaciones jurídicas a través del sistema de las indicaciones.


La mayoría de los 4 millones de abortos que se realizan en la región son clandestinos, es por esto que, dichos abortos tienen consecuencias adversas.  Significando una de las principales causas de muerte materna, debido a la falta de atención oportuna y de calidad para las mujeres.  Se estima que entre  el 30 y el 40% de las camas de los servicios públicos de salud de ginecología están ocupadas por mujeres en esta situación.  Para la atención de estas complicaciones aproximadamente se destinan entre el 13 y el 24% de los costos hospitalarios en cinco países centroamericanos. (Lovera, 1992: 39)[i].

Expertos han calculado que en Perú y Colombia 1 de cada 5 mujeres y 1 de cada 3,5 mujeres, en Brasil, habrían tenido un aborto inducido y habrían sido hospitalizadas para darles tratamiento debido a las complicaciones.  En Chile, México y la República Dominicana, la proporción es aproximadamente 1 de cada 4 mujeres.

Estas estimaciones son de suma importancia, porque ayudan a cuantificar el peso que los servicios de atención del aborto imponen al sistema hospitalario de un país, y demuestran también que gran número de mujeres que se provocan abortos no son contabilizadas porque no necesitan, o no buscan tratamiento en un hospital.

Desde fines de  los años ’70, el movimiento feminista latinoamericano ha planteado en el debate público, ya sea la despenalización o la ampliación de las indicaciones legales, la convicción para este planteamiento ha sido que la penalización del aborto no convence a la mujer de no abortar, sino mas bien, la obliga a hacerlo en condiciones peligrosas que amenazan su vida y su salud.  La penalización del aborto afecta a las mujeres pobres y generalmente castiga también a sus hijos a la desintegración familiar, al abandono y abuso.

El aborto ha sido usado por las mujeres históricamente como una forma de regular la fecundidad, por cierto que con los niveles de conocimientos sobre anticoncepción modernos, estos debieran ser los métodos para la regulación de la fecundidad, pero no existe suficiente información ni educación, cuestión por las que el movimiento de salud de las mujeres ha luchado.

Es por esto que, requerimos de una política pública en salud que se haga cargo de las necesidades de las mujeres con respecto a la atención humanizada y de calidad en los servicios públicos luego de un aborto provocado, una prevención psicológica secundaria al aborto y métodos de anticoncepción de emergencia modernos para su cuidado.  Además, de suprimir la delación de las mujeres desde los hospitales públicos.

 


[i] Nuestros Cuerpos. Nuestras Vidas”. Pág. 413


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